El tren del Sella, 75 años de historia del tren de Les Piragües

El tren del Sella, 75 años de historia del tren de Les Piragües

Esta interesantísima  entrada del blog, sobre la historia del TREN DE LES PIRAGÜES está firmada por un buen amigo que lleva más de 35 años defendiendo  y apoyando a este mundillo nuestro del piragüismo. No es otro que Amador Robles, quien fuera responsable del turismo en Asturias y que ahora  y siempre ha estado apoyando al piragüismo.

Entre sus  apuestas  dentro de  sus cargos de responsabilidad en FEVE  han sido la esponsorización de clubs asturianos de piragüismo, así como a palistas olímpicos de la talla de Jana Smidakova y Fran Llera, así como de los grandes Walter Bouzán  y Alvaro Fiuza entre otros,  pero sobretodo y especialmente destaca por su defensa a ultranza de la pervivencia del famosísimo TREN FLUVIAL  en momentos muy difíciles para la continuación de la relación entre la fiesta de las piraguas y el tren. Esta apuesta sin duda ha puesto el nombre de FEVE y de los ferroviarios asturianos en lo mas alto del pódium y del buen nombre de la empresa ferroviaria.

El tren del sella, 75 años de historia del tren de Les Piragües


La idea inicial surgió en el concejo asturiano de Piloña, en su capital Infiesto, en el marco de una afable tertulia entre un grupo de amigos, que pretendían darle un nuevo impulso a la fiesta deportiva de recorrer en piragua los ríos Piloña y, desde Arriondas, el Sella, hasta su encuentro con el bravo mar Cantábrico en Ribadesella.

Tren de las Piraguas

En aquella amena tertulia se encontraba Dionisio de la Huerta, un líder carismático que hoy se llamaría prescriptor de opinión, líder de masas y bloguero de récord. Fue en la India donde Dionisio de la Huerta, viajero y culto como muy pocos, fijó sus primeras ideas del tren fluvial, y la decoración del tren y de los “selleros” también la importó Dionisio de la India. El primer Tren Fluvial, el protagonista de la década de los 40, fue uno de coches de madera y, por supuesto, locomotora de vapor. Adornado con banderas y flores viajó desde Infiesto hasta Arriondas un sábado 11 de agosto de 1945.

Pero Dionisio tuvo sus propios embajadores en territorio asturiano. Dos veces por semana viajaba de Gijón hasta Infiesto, con escala y cambio de tren en El Berrón, un médico gijonés llamado Tato Campomanes, quien además de médico era lo que hoy llamaríamos gerente deportivo del Sporting. Ya entonces, como ocurre hoy en los AVE, los equipos de fútbol se desplazaban en lo mejor, en lo más rápido y moderno: o sea en tren.

Así que fue Tato, “afijado” del padre de Dionisio de la Huerta, quien hizo el relato guiado de aquel serpenteo compartido entre el río Sella y el tren, atravesando inigualables vistas del río, de la Sierra del Sueve al norte, y de la mítica Sierra del Cuera y el territorio del Mazucu, esta segunda, justo cuando el río Sella y el tren se encaminan desde Llovio al Puerto de Ribadesella.

Tren y fiesta

Aquellos relatos debieron ser tan entusiastas que la sugerencia encantó a Dionisio, porque sumar el tren a la fiesta aportaba originales novedades. Además, él ya había visto los convoyes ferroviarios en sus viajes a la India.

Para lograrlo, fue el mismo Dionisio quien, acompañado de autoridades provinciales y municipales, impulsó un acuerdo con los directivos de la compañía ferroviaria, que entonces era la concesioaria de la línea entre Oviedo y Llanes, los Ferrocarriles Económicos de Asturias que, tres décadas más tarde, fueron integrados en Feve.

PiraguasAsí fue que el Tren Fluvial se adentró por primera vez en la estación de Arriondas, aquel segundo sábado de agosto del 45. Y lo hizo en un compromiso no escrito, de por vida, para quedarse para siempre.

Cierto es que de cuando en vez, algún gestor ha pretendido ignorar la magia y los vínculos del Tren Fluvial con la Fiesta de las Piraguas, y con el Descenso del Sella, pretendiendo pasar quizás a la historia de los antiferroviarios, augurando, cuando no propiciando, un divorcio entre la magia de este tren y la fiesta más internacional de Asturias.

En el interior del tren de aquella primera edición viajaban bandas de música, gaiteros y mucha gente. Tanta, que las plazas se agotaron bastantes días antes de iniciarse el viaje y la fiesta.

La primera edición del Tren Fluvial se celebró coincidiendo con la octava de la Fiesta de Les Piragües en perfecta simbiosis. Nacía el Tren Fluvial, el tren de la Fiesta Sellera, el Tren de les Piragües, convirtiéndose en un icono y un símbolo inherente, compañero de viaje e imprescindible, de la fiesta.

Ya en la década de los 50, de nuevo es Dionisio de la Huerta quien protagoniza una de las anécdotas ferroviarias y festivas más singulares en muchos años. Era la XV edición de la Fiesta, y la décima de Tren Fluvial, en la que el propio Dionisio perdió el tren a fuer de intentar que nadie lo perdiera en su retorno desde el Puerto a Llovio y a los Campos de Oba.

Así lo recogen las crónicas del periodista Lorenzo Cordero, entusiasta del Tren Fluvial e incondicional de la Fiesta de las Piraguas, que siempre tuvo a Ribadesella como destino de selleros y piragüistas.

El autor de estas líneas reconoce que, escuchando y leyendo a Lorenzo Cordero y al propio Emilio Serrano, no tuvo más remedio que comprometerse para siempre con la Fiesta y con el Tren Fluvial.

1983

Las bandas perdidas

En los primeros años del Tren, muchos viajeros se despistaban mientras disfrutaban de la Villa del Sella. Olvidaban la hora exacta de su salida desde Ribadesella para Llovio, pero sabían que, si perdían el tren, o había que andar unos cuatro kilómetros hasta la jira con almuerzo y fiesta incluidos, en los Campos de Oba, o perderse esa parte del evento.

Y es que pasaban algunas horas y muchos minutos entre el cierre del control y la llegada de las piraguas vencedoras en la Meta y Puente y la salida del Tren para Llovio. Para evitarlo, Dionisio de la Huerta solicitó al Alcalde de Ribadesella, entonces Saturno Barro, que se colocasen unas grandes pancartas que anunciaran “EXCURSIONISTAS Y SELLEROS no os preocupéis por el Tren Fluvial, pues éste, no saldrá hasta que las bandas de música desfilen por las calles de la villa”.

En aquella edición de 1954, según las crónicas, “Dionisio desfiló al frente de las bandas de música. La gente estaba sentada en las terrazas de los cafés y los bares, o se paseaba por las calles, despreocupada. Dionisio les decía a todos: ¡Vamos para el Tren...! ¡El Tren va a salir...!, ¡Corramos al Tren...!”.

Cuando Dionisio y las bandas llegaron al apeadero, especialmente diseñado para subirse al Tren Fluvial, éste ya no estaba. Dionisio llegó a Llovio en un coche particular, cuyo dueño accedió a llevarlo y entró en la estación hecho un basilisco.

Discutió con el Jefe por la salida anticipada: “¡Todas las bandas de música se han quedado en Ribadesella...! ¿Quiere usted explicarme qué hacemos ahora...?”. “Mire usted, dijo el Jefe de Estación, yo se lo resuelvo ahora mismo”. Y ordenó que enganchasen un par de vagones a la máquina, y que saliese hacia Ribadesella aquel improvisado convoy, para recoger a las bandas y a todos aquellos que, rezagados, lo hubieran perdido.

Dionisio regresó a Ribadesella con el Tren. Pero... en Ribadesella ya no estaban las bandas de música, puesto que habían salido para los Campos de Oba subidos en la caja de un camión. Por no quedar, ni rezagados había. Así que aquel “pedacito de tren fluvial” regresó a Llovio con Dionisio como único viajero.

Tres paradas

Hasta los años 80, el tren paraba un mínimo de tres veces en su discurrir a Ribadesella, y en dos de las paradas, los viajeros se bajaban y tenían tiempo de divisar desde la orilla a los cabezas de carrera, aplaudiendo a los participantes, e incluso transmitían por radioteléfono la situación de la carrera a quienes esperaban en la meta riosellana. La tercera parada o paso a marcha de hombre, era sobre el puente metálico de San Román, esta vez sin bajarse del tren.

En la fiesta del 1951 se incorporaron los Tritones de Piloña, grupo creado para dar color y animar “les piragües”. Eran tres, pero ahora se cuentan por decenas, y nunca faltan en la estación de In?esto a su cita con el Tren Fluvial ni para cuidar que las aguas del Sella estén expeditas para la salida de los piragüistas y que las calles de Arriondas se llenen de folixa y cánticos tritoneros.

Descenso del Sella 1996

A caballo de la década de los 70 y 80, el protagonista principal de la Fiesta de las Piraguas y del Tren Fluvial, Dionisio, mantuvo una tensa relación con la organización, tan tensa que en algunas ediciones secuenta que bajó en el tren como un viajero más. Esta era su manera de no participar activamente pero sí de no perderse la fiesta a bordo del tren. Pero hubo regreso y bien festejado.

En 6 de agosto de 1983, el Tren Fluvial tuvo la composición más larga de su historia. Un tren externamente azul, tirado por dos Alstom y más de veinte coches “manes”, pudiendo superar los 2.000 viajeros.

Una foto singular da testimonio de este tren parado en la curva de Cuevas. Dicen Narciso Mier y Enrique González, ferroviarios y defensores del tren fluvial, que el maquinista era “Tarzán”, probablemente quien más años lo hizo y quien alternó la tracción vapor con la diésel.

Hay muchas maneras de contar el periplo vital de este tren, precursor como contaba el presidente de Feve, Fernando de Esteban, de los trenes turísticos en España, para vincular territorios, para poner en valor recursos, para agrandar las relaciones sociales, para aunar fiesta, cultura y deporte, y para tantas y tantas singladuras, que transmiten los carteles de la Fiesta y del Tren Fluvial. Una colección de carteles que podría explicar por sí mismo fiesta y tren.

El tren del Descenso

El tren en el 2020


La edición 2020, que iba a ser la septuagésimo del Tren Fluvial, iba a permitir celebrar las 75 celebradas ininterrumpidamente… pero el Covid-19 ha venido a modificar toda la programación de exposiciones y celebraciones.

La pandemia ha trastocado todo, pero nunca es tarde para desde la sociedad civil rendir homenaje y tributo a tantas y tantas personas que se han dejado la piel en estas terribles circunstancias y que la edición de un posible viaje de Tren Fluvial en 2020, reconozca y agradezca su trabajo, dé testimonio de su buen hacer y permita recordar que el Tren Fluvial circuló incluso el año de la pandemia para contribuir al recuerdo de quienes nos dejaron, y de los que lo dieron todo para que otros muchos lo superaran. Los amigos de Dionisio, los amigos del Museo, los amigos del ferrocarril y un gran colectivo se está movilizando para hacer posible un Tren Fluvial del reconocimiento, de la solidaridad en el quecompartir una cita entre amantes de la fiesta de las piraguas, entre deportistas, entre selleros, para que los protagonistas y viajeros del tren fluvial sean una digna y amplia representación de los colectivos que han ayudado a que esta sociedad sea más solidaria y comprometida.

Y para que, quien siga escribiendo la historia del Tren Fluvial, extraiga de la memoria colectiva que aquel año de la pandemia hubo un tren para sumarse al aplauso de las tardes a las 20.00 horas y no olvidar nunca.

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